de las antiguas altanerías.
David, hijo hermoso de las letanías sublimes
¿Cómo es que naciste hombre?
si la perfección siempre fue asexuada.
Manantial de luces tu pecho guarda;
acérrimas y tiesas manos en tu cuerpo reposan.
El mareo de tus viseras han hecho un preludio
de cuánta fechoría ha impuesto tu sangre
de miles de desafortunadas.
Cuánto esplendor han recitado tus labios
y con cuánta frescura ha vivido
por los siglos tu soberbia figura.
Responde David, si por cada cuello degollado
de tu boca ha caído siquiera el más gastado
de tus dientes
Fuiste y eres mármol níveo,
tu gracia responde a la poesía
que de temibles fragmentos de roca sucia
ingirió alguna doncella de tristeza perfecta.
A tus pies pies caen las súplicas de quienes
quieren la proporción de la excelencia
Mis ruegos imploran tu gloria
y que tu dios me perdone por haberme de ti
una vez enamorado.
La basura del viento en tu pelo se posó
cuando una desdeñada Venus
desorbitó la belleza y la quiso para sí.
Perdonadla, que sus pechos hicieron caer
gotas de congoja de tus ojos y dañaste
tu traje celestial con sustancias de la infamia.
Tus sierras, dignas y dueñas de todo placer
han formado un cuerpo estéril en las féminas
que
desconocen
de ti.
¡Ilumina David!
que estas tinieblas las acompaño de un vigía
porque aún busco tu espíritu en la lejana tarde
de los días
de Abril.


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