en los caminos de la degeneración
y el beso en la mejilla
atormenta más que pañuelo blanco
más que ademán sin demás
Atracan barcos como jaurías dóciles
y cae del mismo cielo noches y estrellas
mientras el mar vacila en latitudes incomprensibles
y se va el barco ¡au revoir!
mientras se evapora la sal de la costa.
Entristece el ojo y la piedra
si lo único que salva el diluvio de mañana
son las luciérnagas celestes que abran un rostro
y sellen con barro heridas
que también se van, y vuelven.

El equipaje de siempre
dispuesto en el cuerpo de siempre
y las veredas como grandes avenidas
se vuelven vertiginosas y aceleradas
y llueve, siempre llueve...
Si se mira atrás, la espalda huesuda
como perro callejero de susto se esfuma
entre la lejana y sombría esperanza.
Si no se mira atrás, la espalda huesuda
se vuelve solo una cara otoñal y ajada
Como río de finas aguas
nace un cuerpo como arrimo legítimo
y se cierra el labio, y se arma la frase
se dilapida la mirada y se mata el engranaje.
¡adeus!... risa florida.
Así el ensamble del viento
con las historias que siempre he de contar
con la ironía de la sonrisa y el guiño
el constante movimiento de la aurora cobriza
que daña el vientre y su buen devenir.
Nace de un rocío cuando
se transforma en nube o suelo
la etérea sombra se despide además
con desembocaduras verticales
en forma de dulzor o cualquier pulcro arrebato.
Y si cae la luna y Orión
el norte pierde su vigía,
el sur con aguaceros se tiñe
y unos ojos a la siga de alguien
van a parar al ocaso o la luz.
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