La inútil pereza de estas manos
creyéronse mariposa una vez,abrieron el pecho de los amores
y mataron para siempre
la agonía juvenil.
Laceroso azar a mi puerta esta vez llegó,
y ya la risa fue inútil
y ya la muerte se hizo omnipotente
y en mi regazo el óbito se poso
como el mejor de los primogénitos.
Huye desdichada,
que el sol de la próxima mañana
jamás volverá a salir desde las alturas,
éstas serán tuyas porque sí.
Recojo este trémulo
como último hálito
y mis pies aflojan el poco camino.
"No hay mal que por bien no venga "

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