resulta que el vino,
en noches repetidas
es la conjugación perfecta
entre un beso de boca roja,
entre un perfil algo ambiguo…
Entonces, miré tras la ventanilla inerte,
muerta de noche
vi por el espejo,
al otro lado casi, del abismo
vi lo traslucido de esos labios
la hermosura del tinte carmesí
de la noche en esa cara.
Los soñadores que se oponen a los ojos
a través de la apertura…
La noche,
estelas de aire frío por entre las rendijas,
la noche según estrellas amarillas
que juegan con travesuras escarlatas…
Y mientras, detrás del retrovisor
dilucidé la roncha de pinta labios
advertí la presencia del engendro del burdel
hallé mis ojos puestos en esos otros,
a través de vidrios que no se empañaron

malas costumbres de burdel
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