viernes, 14 de marzo de 2014

Man-eras

En este claustro de metal
ahogada estoy
entre sulfuros y sales.
La epiglotis se me hincha
y la tripa exhala rápido
remembranzas de piel parda.

La aguja penetra en los ojos
de las gentes de esta
                           microurbe,
y la noche,
se nos gasta a todos,
mientras la sombra sigilosa
                                y tenaz
me deja entreabierta la dermis
oscilando el sangrado
                          o la crucifixión.

El fonema ha anunciado,
son vísperas de un año viejo
y yo miro
te.

Y me endulza un poco la saliva
esta des-muerte
de saber
te
incauto y azul.

La luna ha huido,
en su lugar,
hay faros que encandilan
a los mirlos
y todos somos ciegos
y todos somos tuertos.

Esta espera mecanizada
titubea en mi entrepierna
bástome de ese titilar
para otorgarme el grado
de alguacil.

Me subo a las criptas
y los dorados
se enjutan
y me muerden,
tiran el pan,
desde su escalera olvidadiza.

Los latidos se emancipan
y a la felinidad
le llega el verano.
Soy un menjunje de abstracciones
                        e incertidumbres
que se homogénea
al rozarse la lapidoptera
en la nariz
      o en el diente.

De sopetón me bajo
uno de tus soles...
reverbera en el bajovientre

Soy un andrajo
cuando estoy queriendo
te.


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