En este claustro de metal
ahogada estoy
entre sulfuros y sales.
La epiglotis se me hincha
y la tripa exhala rápido
remembranzas de piel parda.
La aguja penetra en los ojos
de las gentes de esta
microurbe,
y la noche,
se nos gasta a todos,
mientras la sombra sigilosa
y tenaz
me deja entreabierta la dermis
oscilando el sangrado
o la crucifixión.
El fonema ha anunciado,
son vísperas de un año viejo
y yo miro
te.
Y me endulza un poco la saliva
esta des-muerte
de saber
te
incauto y azul.
La luna ha huido,
en su lugar,
hay faros que encandilan
a los mirlos
y todos somos ciegos
y todos somos tuertos.
Esta espera mecanizada
titubea en mi entrepierna
bástome de ese titilar
para otorgarme el grado
de alguacil.
Me subo a las criptas
y los dorados
se enjutan
y me muerden,
tiran el pan,
desde su escalera olvidadiza.
Los latidos se emancipan
y a la felinidad
le llega el verano.
Soy un menjunje de abstracciones
e incertidumbres
que se homogénea
al rozarse la lapidoptera
en la nariz
o en el diente.
De sopetón me bajo
uno de tus soles...
reverbera en el bajovientre
Soy un andrajo
cuando estoy queriendo
te.
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