jueves, 6 de febrero de 2014

Ida y retorno

Me decoloro
intacto tengo el olfato
la muchedumbre reverdece
por cada animal muerto que piso

Me se han tumbado
en todas las guaridas que tengo
los conejos
que reverberan
y que se multiplican
mutilando el orden
que este engranaje
hace parecer inmóvil y eficaz.

El último aliento arropado
en vicisitudes.
Las últimas lágrimas hirientes
de hembra dueña.

Oh tapen esta amargura,
que danzas no veréis
en estas paredes de metal.
Se abstiene de esta forma
el carnívoro que se come
ésta la carne pútrida
éstas las manos veleidosas
con las garras
de estos animales domésticos
sin alas.

Que penuria la de las noches
que cierran mi boca
al tragar el hambre
y excretar las moscas
como un último
socorro noctámbulo.

La construcción siempre mitológica
que nos corresponde
como jorobados
nuestra única e irremediable cabeza elfa
que obstruye y cercena las venidas
cuelga y ahorca las despedidas
¡Son las esperanzas!
¡Son las vueltas!
traen añadiduras majestosas.

Trote mortuorio
de todas las noches
incesante hasta la calamidad
de la montaña que se alza
en el horizonte que se muere
por cada estrella naranja.



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