la orfandad del pecho abierto
es la zozobra del huracán
empero
la condición homínida
nos facultó para siempre
naufragar.
El sol, seco el labio
hasta quebrarlo
la sed imperiosa a ni un trino
hizo vivir,
los pájaros fueron des-alados
des-vivos
des-almados.
Este manifiesto reverbera
en un gemido,
es un alarido afónico,
como una luna sigilosa
que se pone estupefacta
en las anchas de los ríos.
Los bronquios se agrandan
cuando la basta crucifixión
atiborra los montes pulmonares
y las ciénagas
hasta
que el
respiro
se
A P A G A.
Muchedumbres no espaciales
caminan sin tregua
reposados todos en la espalda
que se mengua
se aminora
entretanto
la individualización se esparrama
y es un rastro que los ellos dejan.
La manía dislocada se queda
mientras los arrecifes
quedan abandonados,
fantasmales con sus gentes del pasado.
La luz despampana
los ojos mirones,
y al revés
de la mano indicando arriba
solo se envuelve en envases preliminares
para luego desfallecer en su bronco titilar
al mediodía
cuando el fanal termina de mentir.

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