lunes, 23 de diciembre de 2013

Monólogo a la intemperie

Se ha roto la galaxia que unía la vida,
la orfandad del pecho abierto 
es la zozobra del huracán 
empero 
la condición homínida
nos facultó para siempre
naufragar. 

El sol, seco el labio
hasta quebrarlo
la sed imperiosa a ni un trino
hizo vivir,
los pájaros fueron des-alados
des-vivos
des-almados.
Este manifiesto reverbera 
en un gemido,
es un alarido afónico,
como una luna sigilosa 
que se pone estupefacta
en las anchas de los ríos. 

Los bronquios se agrandan
cuando la basta crucifixión
atiborra los montes pulmonares
y las ciénagas
hasta
que el 
respiro
se 
A P A G A. 

Muchedumbres no espaciales
caminan sin tregua
reposados todos en la espalda
que se mengua 
se aminora
entretanto 
la individualización se esparrama
y es un rastro que los ellos dejan.

La manía dislocada se queda
mientras los arrecifes 
quedan abandonados,
fantasmales con sus gentes del pasado.

La luz despampana 
los ojos mirones,
y al revés
de la mano indicando arriba
solo se envuelve en envases preliminares
para luego desfallecer en su bronco titilar
al mediodía
cuando el fanal termina de mentir. 




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