miércoles, 23 de octubre de 2013

La traicionada

Tiene estómago hambriento y caliente
las larvas le han comido la frente
le tomé las manos
y las tenía violáceas
le tomé las manos
y se le caían las carnes de sus dedos.

Las bestias ávidas
la han enamorado,
el idilio se lo han devorado
bestias trepadoras.

Le han enjaulado el firmamento
en las rendijas de la pared.
Es abajo de su cama
donde la muerte
gime y jadea
en un estertor infinito
la muerte, jadea.

Hálito,
que envolviste la niebla
con el tibio chance
del Apocalipsis.

Le mordí la piel y era
amarga, púrpura,
                sangraba.

sus gusanos de felpa,
atornillaban sus pies al exilio
                           
durmió al mago en la vulva
y se cortó los dedos necroticos.
Vivió hasta la próxima mañana
absorta en el ennegrecer
de la savia agónica.

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