No sé cuánta verdad hay en las manos
que recorren el cuerpo mío
como un fluido de la boca
como se lubrica el sórdido agujero
a medida que los saltos de tornan calientes.
Los sexos cóncavos se arremolinan
y presurosos reverdecen
en el lecho pecaminoso y salado
La bestia bajo sus iniciales
cercenó las dedos con tal desdén
que las espaldas
convirtieron el tu cuerpo con el mi cuerpo
en un retorcer fascinante
como los dromedarios del desierto.
Y la permeabilidad inevitable
del diente mordiendo la comisura.
El vértigo bisbisó orgasmos lacerantes
y por cada prenda que se rompía
como cristal en el suelo
la cintura se aferraba más a rasguños
elocuentes.
Quisiera yo recatarme,
pero esta inefabilidad del sentir la lengua
tuya
bordeando la infinita lógica
de los años jóvenes de este torso
que ante ti yace desnudo y febril.
Impúdico ejercito dentro del vientre
hace guerra con las viseras
y así reposa el tuyo placer entre mis piernas,
zarzal de habladurías a media voz
y sudor sofocado en la oreja
en el pezón
en la vulva.
Recuéstate y no sobre mí,
seremos el pan nuestro de cada día.
Penetra en la intrépida matriz
y mancha con tu diabólico placer
la figura irreparable de la fémina
que en mi acontece.
Yo a ti cedo el delirio de mis senos
chocando a ritmo raudo
la pronta instancia de tu ser diminuto.
Y culminaremos en desaforación intermitente
de volcanes sedientos de carne
y noche.
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