La luz que se niega
a dejar de parpadear,
mis ojos rasgados,
muertos ya,
de tanta sequedad.
Dolor.
Ánima,
cándido fantasma
lleva estos huesos quebrados
al infierno,
mismo,
de donde salieron.
Qué gélido aplauso
me guió el porvenir,
y como anochecer
volvió a salir
muerto de montañas
el más temible
Vaivén.
¿Dónde cayó la luna?
Oh imberbe joven
de las bajas densidades,
cuentame como el otoño,
dio su primera flor
Salgo de noche
por si el invierno,
veleidoso
sale en busca de párvulas
e inservibles palabras.
Es así, el olvido nutrido
como el alto monte,
y la insípida sangre
de la más vil y horrible
mariposa

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