Qué tristeza
esta constante
y vanidosa serpiente,
¿Cómo ha podido sangrar
la boca suya de tal manera?
Y la tarde caía
y el arrebol se hacía ancho
y como bélicos cánticos
se alzaba sin más
a la inmensidad.
Y se forjó el ocaso
y se olvidó la locura
y se creó la muerte
y fórjose la desesperación
y olvidose el olvido...
y créose el amor.

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