sábado, 30 de marzo de 2013

Canto primero: Devoción



En su cielo se veían tan nítidos los horizontes,
veía su estrecha hermosura, como un arrebol 
en la polvorienta ciudad, se distinguen tan bien 
las nubes entre esa boca de sonrisa,
en esa sonrisa y no perfecta. 
Tenía su claridad de noche, 
su oscuridad fundida entre los minerales ardientes
y algún tipo de roca que no exhalaba libertad,
su hálito perfumado a precipicio
su beso olvidado a abismo
la estrechez de su garganta dolorosa y arqueada.. 
¡Tenía horizontes!
                              ¡y no ojos!
¡Miel!
                                        ¡y no labios!
¡Sabor!
                                                      ¡y no piel!
Su inmensidad febril de no tocar y enmudecer
su caricia del humedal y la perdición. 
Ay como detesto el bienestar de su cuerpo
chocando el mío
vacío
Dime, como águila blanca, dime como
dejamos de ser nómades
dime como, tristeza y otoño
dime cómo, nos bastamos de nada.
Del universo medieval que mi sien
en su cabeza puso la amargura de dios
¡si! de dios y de ti 
en los suburbiales arrepentimientos
de su alma no casta y no mía. 
Cae como gota este reproche,
este grito abrumado y desesperanzado
caigo como nieve en su pelo de escarcha
en su nariz de monte infernal.
Intrépidos rasguños y desesperados,
tímidas y ciegas escaramuzas y telarañas,
me visto en su seno
me desvisto en su vientre de soñar,
en su mirada de la lejanía
en su ser, de la cercanía
más basta y mezquina... 
Mientras floto como
el cuervo negro de la muerta noche
avisto tu silueta, las de las mil y una locura
esa tormentosa y no bella silueta del ayer.
Mis piernas, del túnel 
te aguardan quejumbrosas.
En tu cielo se veían  tan claros los horizontes
las palabras cual hembra en agosto
se deslizaban con sutileza y facilidad
por las aspas de la ternura y algo más.
El amarillo de la sutileza se tiñó de amor
la vez que olvidó su vaivén cósmico
Sí! nos paseamos de la libertad al invierno
del frío hasta su regreso...
nos fuimos, de regazo inerte,
de navíos truculentos, de mafias resentidas
su cuello, fuente única de historia y huellas
te hayas ¡oh majestoso ser!
entre el desenfreno y el romanticismo...
del amparo de su lecho
la más fría golondrina de este Abril tan desdeñado.
Debajo de su techo,
se posaron la más temibles y austeras aves
abarcaron los horizontes, se orillaron en las huestes
de su ilimitada soledad,
¡y no tenía sol!
¡tenía arpas y matices!
¡tenía mi rostro
y sus ilimitados besos!
¡me tenía,  cual ánima en día lógobres y marchitos!...
Que la muerte lo encuentre ido
y sin manchas en los pies sin surcos en la pereza,
con muertes súbitas y anclas del porvenir
que lo encuentre, la dolorosa inmunda
y cuando te encuentre el universo entero
estallará pidiendo auxilio. 

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