miércoles, 22 de agosto de 2012

Y los obreros















Desperté otra vez
Y la tierra 
cubría mis manos,
mis pies,
mi todo.

Y ahí viene otra vez,
los sin cabeza,
los sin dientes
vienen,
y visten de olvidos.

Los veía reír;
mientras sobre mí,
caía y caía la tierra.
Caía sin vuelta.

Los jornales
salen de crepúsculo inútil,
de frío,
del que quema.

En la tarde, el sol.
El sol adormecedor.
Y se me pone la cara gris...
se me pone.

Los rezos mudos
de mis mujeres sin cara
de ésas,
que esperan que
recojan mi tierra
de sus cuerpos.

Muerto o no
me levanto
mañana,
porque las hormigas
no tienen tiempo
de sal.

No tienen tiempo
de sol.

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