"Siente mi abrazo por la espalda"
No sé como empezar
no tendría porque saberlo
Si ni siquiera sé porque debo intuirlo,
o porque tengo noción de que existe.
Es que tira
es que la noche
cuando se junta con el ocaso
se vuelve movediza
y traicionera.
Embuste nocturno.
No sé que hago
cuando lo menciono
y lo abstracto vuelve
como vuelen sigilosas
y muertas
las reminiscencias.
Mientras oía su voz
de cerca,
sentía su calor envistiendo
todos los paradigmas,
rompiendo las leyes.
Arrojándome a ser un chico
que descubre que
el conejo de los dientes
se extinguió con los dinosaurios.
Venía hacia mi,
y mi respirar se hacía
cada vez más nervioso.
El rocío de su sudor
(quizás,
tan angustiado como el mío)
hacía la muestra
del alucinógeno
que habíamos probado,
el placer fundido
entre las carnes,
la visibilidad ignota
de su temple.
Su tizne ceniciento
me hablaba de calma
cosas que ya había oído
hace siglos atrás,
pero que de su boca inventada
resultaba una predicción.
Qué si dormimos?
Ya no podía más
con la sensación de cacao
que tenía en todo el cuerpo.
Llevé como un lazarillo
sus manos a mi vientre
dejando a su haber lo que hiciera con el.
El instante que despertó
mi desvelo
ese desvelo frígido,
y los vientos rosas
que refrescaban la temperatura.
Y allá en un puerto
vigilado por mis manos
que yacían sin vida
en su rostro, extasiadas
por el aire venido desde su dentro
el dorso tocando tibio
sus facciones...
Aguantando entre dientes
mis suspiro callado.
del kakao al cacao... son siglos
ResponderEliminardel timo al dorso, de la bemba al ombligo, de la saliva al sudor, de su sueño a mi desvelo
no hay tiempo, no hay lugar, solo el tibio y punzante anhelo