Yo caminaba a paso lento, de ese paso medio angustiado y frío que suelo caminar cuando el fin del camino no es algo que quiera tan pronto. Los edificios estaban altos (más que nunca), la gente caminaba tan rápido que miraba sus pies al lado mío y cuando me levantaba a mirarlos ya iban a años luz de distancia.. iban muy rápido.. yo iba muy lento.
Cavilaba y me preguntaba si la velocidad tiene que ver con las ansias, o con las esperas, o con el amor, o con la muerte.. no sé, yo pensaba...
Seguí mi rumbo, a cada rato tomaba las vías más largas, si no quería llegar al fin.. ¡debía retrasarme por placer!, Mi caminar, yo imaginaba, era como la de una mula vieja con cargas extremadamente pesadas, como una mula agonizante; que aun así debe llevar en su último viaje las cargas milenarias de los viajantes. No me importaba, no había más prisa que la misma prisa de no llegar.. ¿es que no hay nada peor que el fin?
Seguí mi rumbo, a cada rato tomaba las vías más largas, si no quería llegar al fin.. ¡debía retrasarme por placer!, Mi caminar, yo imaginaba, era como la de una mula vieja con cargas extremadamente pesadas, como una mula agonizante; que aun así debe llevar en su último viaje las cargas milenarias de los viajantes. No me importaba, no había más prisa que la misma prisa de no llegar.. ¿es que no hay nada peor que el fin?
para mi en esas altitudes, el fin era tan próximo que por donde me desviara, por donde tratara de hacer largo y pesado el camino, el fin, vil canalla se acercaba gritando anunciando, pisando y haciendo estrépito.
Las casa y edificios que lindaban mi camino, apagaban sus última y moribundas luces... los focos de la calle parecían miles de lunas que marcaban paradójicamente mi sendero.
"Vire a la izquierda", decía un letrero de tránsito, y bueno, siempre tuve tendencias medias marxistas, así que seguí por ahí (de todos modos llegaría allí donde yo no quería). Era una calle estrecha, sucia, con animales de las cloacas transitando como un peatón más, y yo... a mi paso de mula, con mis cargas milenarias, con mi corazón agonizante.
"Vire a la izquierda", decía un letrero de tránsito, y bueno, siempre tuve tendencias medias marxistas, así que seguí por ahí (de todos modos llegaría allí donde yo no quería). Era una calle estrecha, sucia, con animales de las cloacas transitando como un peatón más, y yo... a mi paso de mula, con mis cargas milenarias, con mi corazón agonizante.
De atrás siento que alguien tapa mi boca y se aferra a mi cintura como un amante de aquellos, entre el impacto y mi hacer esperar más el fin quedé perpleja sin moverme, ni pensar... de a poco sentí que caía, que olvidaba, que dormía.
Desperté en una cama, tapada con amores y cosas que abrigaban, desnuda y sin recuerdos... comprendí que era mi fin.
De ahí no tomé más rutas que decían virar a la izquierda, llegué más rápido de lo que pretendí...
de ahí que comencé a leer a Borges...
No vire a la izquierda... usted llega al fin precipitadamente.
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